No necesitas equipamiento especial ni una postura perfecta para meditar.
Primero, busca un lugar tranquilo y acomódate en una posición erguida y confortable. Puedes sentarte en una silla, un cojín o un banco. Lo más importante es que puedas sentarte lo más relajado posible y seguir atento. A menudo se recomienda sentarse sin apoyo para la espalda para mantenerse despierto, pero también es posible la atención plena tumbado, por ejemplo durante un escaneo corporal.
Después dirige la atención a tu respiración o a otra ancla de meditación, como otra sensación corporal o un mantra.
Tarde o temprano notarás que tus pensamientos divagan. Forma parte de la meditación.
En cuanto lo notes, vuelve a tu ancla con suavidad y sin criticarte. Este momento de regreso es una parte importante de la práctica.1
Solo unos minutos de meditación regular pueden ser más valiosos que una sesión muy larga ocasional.