La atención plena significa notar conscientemente el momento presente: con amabilidad, apertura y, en la medida de lo posible, sin juzgarlo inmediatamente.
Parece sencillo, pero no siempre resulta fácil en la vida cotidiana. Nuestros pensamientos están constantemente ocupados con el pasado o el futuro. La atención plena nos ayuda a volver una y otra vez al momento presente.
No se trata de verlo todo como agradable o positivo. También deben notarse los sentimientos incómodos, el dolor y los pensamientos difíciles. Por tanto, atención plena no significa indiferencia, sino claridad. Aprendes a reconocer más conscientemente lo que ocurre antes de reaccionar automáticamente.
Con el tiempo, esta actitud puede hacerse cada vez más natural, no solo durante la meditación, sino también en la vida cotidiana.
Si te cuesta notar pensamientos o sentimientos desagradables y te sientes muy incómodo durante la meditación, no tienes que obligarte a continuar. A veces puede tener sentido detener la meditación o hacer una pausa. Si estas experiencias provocan un malestar intenso o duradero, el apoyo profesional puede ser útil.